Algunos en Rusia no quieren que EEUU levante las sanciones

AP

A Oleg Sirota le gusta tanto Donald Trump que instaló un muñeco de nieve con la imagen del presidente de Estados Unidos frente a su fábrica.Lo irónico es que teme que Trump mande su negocio a la…

A Oleg Sirota le gusta tanto Donald Trump que instaló un muñeco de nieve con la imagen del presidente de Estados Unidos frente a su fábrica.

Lo irónico es que teme que Trump mande su negocio a la quiebra.

Sirota es uno de los pocos que salió ganando cuando Estados Unidos y otros países impusieron sanciones a Rusia. Una prohibición a la importación de alimentos de Occidente hizo posible el sueño de este antiguo programador de abrir una fábrica de quesos.

Sirota es una especie de niño mimado de la prensa rusa con sus gestos patrióticos y los quesos que produce con el nombre del presidente Vladimir Putin grabado en ellos. Exige que sean recogidos en persona.

La demanda es tal que Sirota tiene una lista de espera de nuevos clientes de tres meses y planea aumentar su producción diez veces este año en nuevas instalaciones, contratando nuevos empleados, siempre y cuando la buena onda entre sus dos políticos preferidos, Putin y Trump, no implique el levantamiento de las sanciones.

“Apoyé a Trump con el corazón y a Hillary (Clinton) con la cabeza”, expresó. “Si levantan las sanciones, esto se derrumba”.

Las sanciones redujeron la competencia extranjera en algunos sectores de la economía rusa, ayudando a que gente como Sirota expanda rápidamente sus operaciones. A menudo a costa de un gran endeudamiento, y probablemente les costaría mucho seguir a flote si se suspenden las sanciones.

No se habló de las sanciones en la primera conversación telefónica que tuvieron Trump y Putin el viernes pasado, pero el gobierno ruso dijo que los dos líderes hablaron de “restaurar los vínculos comerciales y económicos de una forma beneficiosa para ambos”.

Estados Unidos y la Unión Europea aplicaron sanciones a Rusia en el 2014 tras la anexión de la península ucraniana de Crimea y por su apoyo a separatistas del este de Ucrania. Las sanciones afectan sobre todo a individuos allegados a Putin y a empresas grandes de los sectores energético, militar y bancario.

Rusia respondió prohibiendo la importación de alimentos frescos de Estados Unidos, la UE y otros países occidentales. Desde entonces los precios de los alimentos subieron mucho en Rusia, pero el campo y el sector pesquero se beneficiaron con una reducción en la competencia.

Sirota, quien ha pedido préstamos a bancos y parientes y se ha beneficiado de subvenciones del gobierno, pronostica que si se levanta la prohibición a la importación de alimentos, Rusia será inundada de productos lácteos baratos que hundirán su negocio.

“Es como hacer que un niño se suba al ring para pelear con un campeón mundial”, afirmó. “Necesitamos cinco o seis años de sanciones, como mínimo, para afianzarnos. Tenemos un escudo protector y necesitamos que siga ahí”.

Sirota está en contra de la globalización y apoya las políticas de Putin hacia Ucrania.

Pero dice que está dispuesto a participar en protestas si se habla de levantar las sanciones.

“Sería algo muy perjudicial para nosotros”, sostuvo.

Añadió que si no hay sanciones, tendrían que fijar tarifas más altas para los alimentos importados.

“¿Por qué los estadounidenses pueden hacerlo y nosotros no?”, preguntó.

Putin ha dicho que apoyará a los agricultores, pero al mismo tiempo recordó que Rusia es miembro de la Organización Mundial de Comercio, que fija normas para que ningún país sea discriminado en el comercio, y ello podría hacer que el campo quede vulnerable.

“Hay muchas posibilidades de que esta haya sido la última extensión de las sanciones”, opinó Hendrik Vos, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Gante, Bélgica. “Hay muchos países a los que no les interesa seguir prorrogándolas”, añadió, señalando a naciones como Italia, Grecia y Hungría, que quieren tener relaciones comerciales más estrechas con Rusia.

Quienes saldrían ganando con un levantamiento de las sanciones serían, por ejemplo, la industria del gas y el petróleo, a la que le resultará más fácil acceder a los mercados extranjeros y a los conocimientos. Los minoristas también saldrían ganando de una mayor competencia entre los proveedores y el consumidor tendría que pagar menos por los alimentos.

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Raf Casert, desde Bruselas, y Ekaterina Chernyaeva, desde Moscú, colaboraron en este despacho.

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