Combina ciencia y pasión para resolver casos cerrados

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La doctora Erin Kimmerle se planta frente a una tumba húmeda y comienza a observar.Hace mucho calor en Tampa y ella examina la tumba de una mujer que fue asesinada.El cadáver fue encontrado en unos…

La doctora Erin Kimmerle se planta frente a una tumba húmeda y comienza a observar.

Hace mucho calor en Tampa y ella examina la tumba de una mujer que fue asesinada.

El cadáver fue encontrado en unos arbustos en 1985, cerca del centro de Tampa. Los investigadores nunca pudieron establecer su nombre ni las causas de la muerte. No se analizó el ADN. No estaban seguros de cómo fue asesinada, cuándo ni por qué.

Había pocas esperanzas de resolver el caso. Estaban tapados de trabajo, escasos de dinero y ningún pariente preguntó por ella. Los detectives dieron vuelta la página y se enfocaron en otras cosas. La mujer lleva más de 30 años en un cementerio para indigentes.

Pero ahora Kimmerle, una ex investigadora del Tribunal Penal Internacional de las Naciones Unidas para la Antigua Yugoslavia, profesora de antropología de 44 años, con dos hijos, podría hacer finalmente justicia.

Kimmerle sabe que las posibilidades de que resuelva el caso son escasas. Pero si es lo suficientemente puntillosa, al menos espera identificar el cadáver y encontrar a los familiares.

Seguramente había gente que quería a esta mujer.

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Detectives, estudiantes e investigadores se congregan a su alrededor mientras Kimmerle mira hacia el vacío. Con guantes blancos en sus manos ingresa al agujero en la tierra. Se inclina y empieza a sacar el revestimiento interior de plástico de la tumba.

Cuando ella y su equipo terminan de sacar el plástico, dan con el cadáver, envuelto en una bolsa embarrada. El cuerpo fue enterrado en un ataúd de cartón que se disolvió. Pero la bolsa está intacta. El equipo de Kimmerle la saca de la tumba y abre el cierre.

Adentro hay un esqueleto entero. Kimmerle hace un gesto de aprobación: los huesos de la víctima de un asesinato que no fue resuelto se encuentran en muy buen estado.

De todos modos, no hace pronósticos. “Este es un proceso largo”, advierte.

La especialista se propone apelar a la ciencia para tratar de encontrar pistas. Usará los análisis de ADN más avanzados y después hará un análisis de dilución isotópica. Su laboratorio de la Universidad del Sur de la Florida es uno de los pocos que hay en el país que emplean este tipo de exámenes de minerales y geografía para determinar de dónde es una persona o si es una visitante a través de estudios de los dientes, el cabello y las uñas. Puede trabajar en este caso gracias a un subsidio de 385.000 dólares del Instituto Nacional de Justicia para que estudie 50 casos cerrados de personas muertas no identificadas, la mayoría de ellas en la Florida.

Una semana después de la exhumación del esqueleto de Tampa, los huesos se encuentran en la oficina del investigador. Kimmerle llega al lugar y se coloca su delantal. “Feliz cumpleaños”, le dice al investigador.

Es una mujer positiva, efervescente, con una voz aguda, que no encaja con la imagen de persona dura, que se interna en tumbas y raspa huesos con un cepillo de dientes. Eso es exactamente lo que hace ese día: limpia huesos.

La mayor parte del esqueleto permanece en la bolsa marrón, mezclado con barro, ramitas y hojas.

“Los huesos generalmente tienen el color de la tierra”, explica, sumergiendo un fémur en agua espumosa. La idea es limpiar y ensamblar el esqueleto. Kimmerle usa coladores de cocina para examinar cada fragmento.

Ya encuentra algo prometedor. Algunos dientes están bien preservados, con abundante ADN e información isotópica. Faltan algunas muelas y la mujer tenía caries que no habían sido tratadas. Tal vez no tenía medios para ir al dentista, especula Kimmerle.

“Los dientes nos hablan de la situación de una persona en la vida”, afirma. “Ahora tenemos que tratar de establecer su historia”.

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Pocos días después los huesos de la mujer están esparcidos en una mesa del laboratorio de Kimmerle. El cráneo tiene características femeninas y las clavículas son pequeñas, lo que quiere decir que la mujer era baja de estatura.

Kimmerle tomará rayos x, sacará fotos y hará un escáner de barrido láser del cráneo. Usará un serrucho para tomar una muestra del fémur y raspará la superficie de una muela. Esos elementos son para el análisis isotópico.

Mientras espera los resultados de los exámenes –que pueden tomar ocho meses, si no más–, ordena una impresión de 3-D del cráneo. Escultores forenses usan esos detalles de la cara y cosas como la raza y la etnicidad para armar bustos de arcilla, recreando el rostro de la víctima.

A partir de la estructura de los huesos del cráneo y de informes de una autopsia previa, Kimmerle llegó a la conclusión de que se trataba de una mujer afroamericana.

Un consultor experto en escaneos forenses suaviza la mandíbula del busto y lima los cachetes. Pronto recreará el cabello en arcilla.

La llegada de los resultados del análisis isotópico le hacen pensar a Kimmerle que la mujer era de la zona de Tampa.

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Seguida por cámaras de televisión, Kimmerle sube al podio en el Centro de Historia de Tampa Bay. Detectives, investigadores y fiscales participan en una conferencia sobre el Arte de los Forenses. Kimmerle ayudó a organizarla y trajo varios bustos, incluido el de la mujer de Tampa.

En el programa de la conferencia se la identifica como el Caso 5. “Se cree que son los restos de una mujer joven, negra, de Tampa, baja. Fue encontrada desnuda y su muerte fue considerada un homicidio”.

Kimmerle le dice a los presentes: “Hay una razón por la que los asesinatos no prescriben. Pueden pasar los años, pero eso no quiere decir que alguien puede salirse con la suya”.

De repente se produce una conmoción. Dos mujeres están junto al busto del Caso 5. Vieron un informe televisivo anunciando la conferencia y se presentaron. Tienen una hermana desaparecida desde hace décadas.

¿Puede ser ella?

Una de las hermanas coloca una foto medio difusa junto a la escultura y se pone a llorar. Son muy parecidas. La de la foto es una mujer negra con ojos encantadores y pelo corto.

Un detective se lleva a las dos mujeres para interrogarlas y tomarles muestras de ADN.

Kimmerle sabe que tomará meses comparar los ADN. Las investigaciones de casos cerrados no son como las de la televisión y hay mucho trabajo atrasado. Pero si algo le sobra a Kimmerle es paciencia.

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Tamara Lush está en http://twitter.com/tamaralush .

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