El impresionante recorrido que hace un hombre para revivir la primera migración de los humanos

“Nos dieron té. Nos dieron pan y salami. Nos dieron un frasco con miel de sus colmenas y se disculparon por su baja calidad y por las hormigas que quedaron atrapadas en la blancura. Dijeron que no había una vida mejor que la que llevan. Los nómadas son así”.

Paul Salopek, periodista, describe en este breve fragmento a un grupo de cuidadores de abejas nómadas con los que se cruzó en su ruta por Uzbekistán, en el cuarto año de una caminata de una década que lo llevará a repetir los pasos de los primeros humanos, nuestros ancestros más antiguos que, saliendo de África, terminaron por poblar todo el globo. El proyecto se llama Caminata fuera del Edén y es impulsado por National Geographic.

Hay que hacer una pausa para entender la escala de una de las grandes empresas narrativas de nuestros días: Salopek salió hace cuatro años desde Djibouti, en África, se abrió paso hacia la Península Arábiga, siguiendo por el Medio Oriente en ruta hacia Chipre. De ahí continuó a Turquía para entrar al Cáucaso y a las estepas de Asia Central, que recorrerá en lo que queda de este invierno para entrar después a China.

Actualmente se encuentra cruzando Asia Central y su meta final es pasar la cordillera del Himalaya, atravesar China, cruzar el océano Pacífico hacia Norteamérica, bajar por la costa Oeste de Estados Unidos hacia América Central, pasar por el Darién y seguir bordeando esta costa, pero ahora en Suramérica, hasta llegar a Tierra del Fuego, el punto más austral de nuestro continente.

La proeza le tomará 10 años de camino y buena parte de la ruta la está registrando en una variedad de plataformas y formatos. “En su camino (Salopek) está narrando las grandes historias de nuestro tiempo, desde el cambio climático, hasta la innovación tecnológica, desde las migraciones masivas, hasta la supervivencia cultural. Lo hace al darle voz a las personas que habitan estas historias todos los días”, dice la introducción en el sitio web del proyecto.

Al final de su viaje, Salopek habrá cubierto casi 34.000 kilómetros, la gran mayoría a pie, con excepción de dos trayectos en agua (el cruce del Pacífico y entre África y la Península Arábiga). El resto es en la compañía de guías locales y con caballos, mulas, camellos y pare de contar. Nada de carros, motos, scooters, patines.

“Sus palabras, así como su fotografía, video y audio crean un registro global de la vida humana en el comienzo del nuevo milenio, pero en la voz de campesinos, nómadas, comerciantes, soldados y artistas que rara vez entran en la narración de las noticias. De esta forma, si elegimos desacelerar y observar cuidadosamente, podemos redescubrir nuestro mundo”.

Hasta hoy, Salopek ha recorrido más de 8.000 kilómetros. Cada 100 millas (casi 170 kilómetros), el viajero hace una parada para registrar en detalle el lugar en donde está en varios formatos y le pregunta a la persona más cercana tres cosas: “¿Quién es usted?, ¿de dónde viene? y ¿para dónde va?”.

La experiencia de Salopek es registrada en una multitud de canales y formatos, cuya columna vertebral es la tecnología: desde el uso intensivo de  GPS (que permite calcular cuánto mide una zancada promedio del periodista para así ver cuántos pasos da en un día, por ejemplo), pasando por la transmisión en vivo de video y manejo de imágenes satelitales, hasta un motor de traducción en línea para llevar la narración a tantos idiomas, y lectores, como sea posible.

Este último desarrollo será estrenado en febrero de este año y, según National Geographic, la idea es que la herramienta sea de uso gratuito y construida con software de código abierto, lo que permite mejorarla o incluso construir nuevas plataformas a partir del motor de traducción.

La caminata también tiene un módulo educativo en línea, y disponible gratuitamente, que presenta la experiencia de Salopek como una forma de investigación y aprendizaje para estudiantes de todo el mundo. La plataforma fue idea de la Escuela de Posgrados en Educación de Harvard.

Por ejemplo, los alumnos realizan proyectos como alzar el mapa de su barrio para reconocer mejor su territorio o escuchar las historias de personas desconocidas de su entorno. “La idea es, como lo hace Salopek, que los jóvenes se conecten con los demás, establezcan vínculos con sus ambientes y aprendan el valor de escuchar a los demás y de sorprenderse por la experiencia diaria de los otros”, reza un aparte de la plataforma.

El proyecto es una aventura de largo aliento, acaso como una visita a los principios fundamentales del viaje como ejercicio narrativo: un hombre, el camino y una historia. La cosa es que acá la historia es multimedia en todos los sentidos posibles de la palabra.

Y esta es una fórmula que la National Geographic está probando en buena parte de sus exploraciones. Lo hizo hace un par de años con una expedición al río Okavango, en África. Además de publicaciones en redes sociales y un diario, el grueso de la travesía fue registrado en una plataforma en la que se pueden consultar archivos como audios del viaje (571), lecturas de sensores que toman mediciones del entorno (778.778) e información sobre avistamientos de flora y fauna, así como las imágenes que va produciendo la expedición (aparte de las que se suben a Instagram). La travesía también tiene presencia en Medium (en donde hay varias entradas de blog) y en iTunes, a través de un podcast en el que los científicos hablan sobre su trabajo de campo, entre otras cosas.

Los viajes multimedia se hacen bajo un parámetro sencillo, que reside en ampliar el alcance de la narración, multiplicar su efectividad. Suena simple, pero entraña una visión fundamental: las historias pueden cambiar el mundo.

Además de los aspectos técnicos y el uso de tecnología, el enfoque de estas expediciones sigue siendo producir contenido de calidad con un claro énfasis en los factores humanos. No por ir en plataformas sociales la narración se vuelve banal o tonta.

Un ejemplo: el año pasado, la institución financió una expedición al Everest en la que dos escaladores intentarían llegar a la cumbre sin oxígeno suplementario, algo que, desde la primera vez que se hizo, en 1978, sólo han logrado 200 personas. Esto significa que menos de 3% del total de escaladores de la mítica montaña logran su cometido bajo estas condiciones.

Más allá de coronar al cima, la expedición entera era un ejercicio de narrativa a través de Snapchat, a punta de videos de 15 segundos. El ejercicio se realizó durante dos meses y los videos, que también fueron incluidos en YouTube, ofrecen un acceso instantáneo a una aventura que, para toda la fama que tiene, es desconocida para la gran mayoría del público.

Lo irónico de este proyecto es que, de los dos escaladores, uno sí logró llegar a la cima y estando arriba la batería de su teléfono murió, así que no pudo entrar a Snapchat desde la cumbre; es un asunto normal, pues las pilas tienden a bajar su desempeño en temperaturas muy bajas.

La nueva etapa de Caminata fuera del Edén, el paso a través de Asia Central, y la cordillera del Himalaya y el viaje a través de China, tiene una campaña de recolecta de fondos a través de Kickstarter, con una meta de US$50.000. “El apoyo logístico para Paul es fundamental y ayuda a que él se concentre sólo en contar la historia. No es una tarea fácil, ni barata. Por ejemplo, en algunas partes de China, un solo camello va a costar más de US$4.000. Su apoyo es fundamental”, se lee en el sitio de la campaña.